miércoles, 10 de febrero de 2010

Un texto sobre tipografía

“Las máquinas existen; explotémoslas para crear belleza, una belleza moderna. Porque vivimos en el siglo XX; admitámoslo francamente y no pretendamos que vivimos en el XV. La obra inspirada en el pasado de impresores artesanales puede ser excelente a su modo, pero su modo no es el modo contemporáneo.
Sus obras son frecuentemente muy bellas, pero con una belleza prestada que realmente no expresa nada del mundo en que vivimos.”
Aldous Huxley

Comunicación y juego • Gabriel Martínez Meave
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A veces pienso en los diseñadores y tipógrafos de la Antigüedad (antes de 1970), esos seres legendarios que podían hacer originales perfectos contando sólo con cemento (asqueroso) Iris, tinta china, lápices azules y —lo peor de todo— tipografía parada (yo diría fláccida) en fotocomposición. O incluso, las malas lenguas cuentan que Frutiger –un ilustre tipógrafo de la Era Helvética, de quien dicen que todavía vive por ahí, en alguna caverna en los Alpes– pasábase días enteros haciendo pruebas de humo (supongo que esto fué más o menos cuando descubrieron el fuego) de unas cuantas letritas hechas, imagínate, ¡en metal y una por una!...

Se dice que estos tipógrafos de la Antigüedad tuvieron a su vez antecesores aún más ilustres. Cuentan que un tal Bodoni se dedicó a crear más de cien tipos de letra, todos en metal, y que con ellos imprimió más de trescientas ediciones, y dicen que un tal Garamond podía cortar más de doscientas matrices de metal por día, con cinceles de hierro y los golpes incesantes de sus atléticos bíceps.

Lo que es más, antiquísimos registros que se pierden en la Prehistoria nos insinúan que, antes de ellos, hubo titanes con superpoderes caligráficos que se podían aventar cada uno varias decenas de libros ¡escritos a mano! De estos semidioses casi no se recuerda nada (uno de ellos, Alcuino, se dice que inventó las minúsculas de un sólo golpe depluma), sino sólo que escribían en una extraña escritura, la gótica, que los expertos conjeturan que se parecía a la actual letra guajolotera de los camiones mexicanos, o en formas de escritura aún más vetustas, con extraños nombres como uncial, merovingia o rústica, y que estas escrituras antediluvianas precedían a su vez de otra aún más arcaica, la romana, que se escribía exclusivamente en piedra y que, curiosamente, se parecía bastante a nuestra letras actuales, así como los edificios de Piedra Dura se parecen a los de Azcapotzalco.

¿Todo esto suena muy interesante, no? Casi casi como Las Minas del Rey Salomón o Los Cazadores del Arca Perdida. El único problema es que toda esta historia no es cierta. Nunca han existido superhéroes tipográficos, ni mucho menos. Todos eran seres de carne y hueso como nosotros: homo sapiens comunes y corrientes. Bodoni se emborrachaba de vez en cuando y le gustaban las gorditas. Baskerville era amante de su ama de llaves, A Didot le apestaba la boca...
La cuestión es que eran tan humanos como nosotros y por tanto, hacían letras no nada más impulsados por un solemne deber tipográfico-religioso, sino también por cómo se sentían, por lo que les rodeaba, por los libros que leían, por la gente que frecuentaban, por la comida que comían, por diversión. En dos palabras, por juego y por comunicación.

Estas dos palabras, juego y comunicación, por lo general no son muy mencionadas en tipografía, como que tienden a darse por sentadas. Los textos sobre tipografía están atestados de palabras como ”ojo de la letra”, “cuerpo de texto”, “proporción” y sobre todo una famosa palabrita: ”legibilidad”.

¿Qué es la legibilidad? No es sino la cualidad de una letra de poder ser leída. Eso es todo. Esto tiene que ver con lo que la gente está acostumbrada a ver, con la forma de los libros, con el mantener ciertas formas como constantes para poder ser reconocidas. Aparte de esto, realmente lo importante no es tanto la posibilidad de una letra de ser leída, sino el hecho de que la gente realmente la lea. ¿Y qué es lo que la gente sí lee? Aquello que le interesa.

Es más probable que un niño pueda leer las letras distorsionadas de un anuncio de televisión del Canal 5 que las letras científicamente legibles de un libro de texto de la SEP, y la única razón para esto es que el niño está más interesado en saber cuál es el próximo programa que en ser aburridamente indoctrinado por los programas oficiales de educación.

La idea esencial detrás de cualquier letra –especialmente si es una letra “de texto”– no debería ser la legibilidad, sino la comunicación. Uno puede tener una letra perfectamente legible según todos los cánones, pero que no le diga nada a nadie. O uno puede tener una letra “experimental” (en estos días todo que es raro o fuera de lo común es ”experimental”) super-ilegible pero que sin embargo comunique mucho. El hecho es que la gente leerá cualquier cosa, siempre y cuando le interese.

Es aquí donde pasamos a la parte del juego en la tipografía.¿Porqué hacemos tipografía? Porque nos interesa. Porque nos apasiona. Por que nos divierte. La tipografía, como el futbol o la vida, es un juego. Si no es divertida, si no ganamos con ella, es que algo está fallando. Entonces, si consideramos la tipografía es un juego, el aburrimiento es una razón tan válida como cualquier otra para iniciar un nuevo diseño.

A veces me pregunto porqué usamos tanto la Times y la Helvética. Sí, ya sé, se nos ha dicho hasta el cansancio que porque son letras neutras y legibles, útiles para cualquier texto en general. Y entonces uno ve un poster con un gráfico padrísimo y super-moderno, pero con los textos en Times, ¡que se diseñó hacia 1930! (en plena Antigüedad), o uno instala la última versión del Windows de Microsoft, y !adivina cuáles son las fuentes que vienen con el sistema! Una vez más, la Times y la Helvética...

¿Ya chole, no? Nosotros, tan modernos, tendemos a creer que los antiguos eran tan conservadores y aburridos que no se atrevían a hacer nada nuevo. Bueno, pues ahí te van unos datos: Las minúsculas se inventaron hacia el año 760, en la parte más oscura del oscurantismo. Hacia 800, toda Europa usaba minúsculas ¡Un grandísimo cambio cultural en menos de 50 años, y en la Edad Media! Otro ejemplo: a mediados del siglo XI, algunos monjes creativos del norte de Europa empezaron a hacer tipografía “experimental”: inventaron la gótica, un estilo que debió parecerles totalmente ilegible a la gente de su tiempo. Bueno, pues 40 años después, la gótica se empleaba, en diversas formas, en toda Europa occidental. Otro ejemplo más: cuando Gutemberg inventó la imprenta, su primer libro – la Biblia – fué impreso en letras góticas. Esto fué hacia 1460. Bueno, para 1490, los italianos ya habían aprendido a imprimir y ya habían establecido el uso de las romanas y las itálicas, letras totalmente diferentes de la gótica reinante y de donde proviene toda nuestra tipografía moderna...

Ahora ¿algunos ejemplos de nuestra ”moderna” originalidad? La letra corporativa de Macintosh: Garamond, diseñada hacia 1550. El logo de los grungeros Nirvana: Bodoni, diseñada hacia 1800. El logo de Microsoft: Helvética, diseñada hacia 1954. La fuente Palatino, que viene en todos los “modernos” sistemas operativos: diseñada en 1952 por Zapf, a partir de la itálica del Maestro Palatino, creada hacia 1490. El tipo de letra del diario “de moda” Reforma: basada en los diseños de Didot, de hacia 1790...

Esto no quiere decir que todo haya sido reciclaje en la tipografía de este siglo. Se han hecho muchas cosas nuevas e interesantes. Pero, en las tipografías de texto, en general ha prevalecido más la actitud conservadora de los diseñadores “curadores de museo” que la creatividad de los diseñadores vivos.

Esta es un área que necesita más juego. Es más importante seguir creando que conservar las obras de los que crearon antes de nosotros (lo cual no quiere decir que esto no sea también importante).

Y esto no significa tampoco que debamos dar la espalda a la tradición pasada. Las obras de los tipógrafos del pasado merecen un estudio detenido y profundo (lo cual en sí mismo es un juego), y todas sus letrassiguen vivas y coleando en muchos de los mejores libros hechos en la actualidad. Pero sí es necesario ser más responsables con nuestra comunicación.

Una tipografía de texto debe ser legible, debe ser útil, debe ser funcional. Pero, ante todo, debe comunicar. Debe poder expresar nuestra cultura, nuestros deseos, nuestros pensamientos, aquí y ahora. Y debe también servir para expresar todas esas cosas que no tienen época ni edad: versos en una poesía, la descripción de un atardecer, un chiste, una carta de amor o un texto de álgebra elemental.

Si has leído este artículo hasta aquí, es porque te interesó. Y ésa es la única razón por la que hacemos tipografía, o por la que hacemos diseño. Realmente no es tan complicado, ¿verdad?
Lo realmente importante, después de todo, es que tengamos algo que decir.

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